sábado, 7 de febrero de 2009

Luz de Cera color Tiniebla


Es la luz un símbolo profundamente enraizado en
numerosas culturas desde la antigüedad. Así, en el templo de
Jerusalén la luz constituía el símbolo de la presencia de Dios
en medio de su pueblo. Lo mismo podemos decir de los templos
de las religiones mediterráneas no cristianas, ya que es la antigüedad
clásica otra de las raíces en la que se genera dicha
interpretación.
Este simbolismo es asumido por la religión cristiana
desde sus comienzos. Ya en el evangelio de San Juan se identifi
ca a Dios como la luz verdadera que derrota a la oscuridad.
Aunque está documentada la presencia de la luz como reflejo
de la divinidad desde las primeras celebraciones cristianas ,
es a partir del siglo VII cuando se hace preceptivo en Occidente
su uso dentro de la liturgia, siendo su significado el mismo
que tienen las candelerías que arden en nuestros cultos actuales:
símbolo de la presencia divina.
Con el discurrir de los años, se han aprovechado las
cualidades físicas y naturales de la mayoría de los elementos
usados en la liturgia, asignándoles un significado y una misión
doctrinal, como es el caso del color de la cera que ha de
sustentar la luz del altar.
El tiniebla o amarillo es el color natural de la cera,
tal y como la producen las abejas. El nombre de ‘tiniebla’ con
el que se designa a este color procede, precisamente, del uso
litúrgico de esta cera en el antiguo Oficio de Tinieblas, el cual
forma parte de la Liturgia de las Horas. Concretamente, los
rezos de esta Liturgia correspondientes al Jueves y al Viernes
Santo se unifican en un solo rezo que se realiza al caer la tarde
del Miércoles Santo: éste es el Oficio de Tinieblas. Este adelanto
se realizaba con el fin de que quien rezaba comúnmente
la Liturgia de las Horas no tuviera a su vez impedimento de
tiempo para asistir a las actividades litúrgicas del Jueves y
el Viernes Santo. Para realizar el Oficio de Tinieblas, se tienen
todas las luces del templo apagadas, y en el altar se representa
con un tenebrario o candelero de 13 velas (color tiniebla) a
Jesús y sus 12 apóstoles, motivo por el cual una de las velas
debe ser mayor que las demás. Las velas se van apagando una
tras otra al término de cada salmo, para que al final quede
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únicamente encendida la de mayor tamaño, quedando todo el
templo en tinieblas, de ahí el nombre de este Oficio. Todo esto
viene a representar el abandono de los apóstoles previamente
a la muerte del Redentor. Finalmente, la última vela se sitúa
en la parte posterior al altar, ocultándola, como símbolo de la
entrada de Jesús en la sepultura, y a la vez, de la permanencia
de la Iglesia en la espera de la Luz que surgirá en la Vigilia
Pascual. Cabe decir que este Oficio se realiza con todas las
características de las exequias, y quizá por esto la cera tiniebla
ha sido también usada en las celebraciones de la liturgia
funeraria, y también es propia de los tiempos penitenciales,
como lo es principalmente la Cuaresma.
Una vez visto su origen, es más fácil comprender
cuál es la simbología que actualmente encierra el color tiniebla.
Éste viene a significar la ocultación de la divinidad, lo que
en teología se denomina con el término griego de la Kénosis, o
lo que es lo mismo, el vaciamiento de Dios para hacerse hombre,
desprendiéndose de todos sus atributos divinos y ajustándose
a todas y cada una de las limitaciones humanas, a
excepción del pecado.
Por todo lo anteriormente dicho, se comprende que
el color tiniebla recoge una simbología que se encuentra en
especial consonancia con nuestra cofradía, por diversos
motivos.
Es, por tanto, el color ‘tiniebla’, el que mayor carga
simbólica y con mayor fuerza expresa el momento último del
sacrificio y el momento en que Cristo se introduce en el misterio
de la muerte. Alumbrar con cera ‘tiniebla’ la imagen de nuestro titular
es invitar a la contemplación de los últimos
momentos del Hijo de Dios.
COJE TU CRUZ Y SIGUEME

1 comentario:

jalugo dijo...

Cambio muy acertado. Poco a poco esta Cofradía ha enderezado el rumbo. A seguir así.